Aunque los espectáculos de circo no sean aparentemente
espectáculos violentos, en realidad para los animales son una condena a cadena
perpetua y trabajos forzados, ya que sus vidas se convierten en una auténtica
tortura, tanto en el escenario como fuera de él.
Los animales que los circos se han apropiado para sus
espectáculos pasan la mayor parte del tiempo de sus vidas encerrados en jaulas,
incluso encadenados para que no intenten huir. Completamente alejados de sus
congéneres y de su hábitat natural, deben adaptarse por la fuerza al ritmo
itinerante de las giras círquenses. Este ritmo de vida les supone un grave
estrés que conlleva consecuencias nefastas para su salud, algo a lo cual su
organismo no siempre se puede adaptar. El transporte suele realizarse por carretera
en camiones, lo cual les obliga a pasar trayectos que pueden durar varios días
en espacios muy reducidos, los cuales apenas les permiten moverse. Estos viajes
suelen hacerse en camiones poco acondicionados, y por esta razón en muchas
ocasiones deben soportar las inclemencias climáticas.
ste tipo de vida les impide desarrollar sus comportamientos
naturales, lo cual les provoca un gran sufrimiento tanto físico como
psicológico, y les genera una confusión que en muchas ocasiones deriva en
trastornos y comportamientos anormales.
En escena vemos el resultado de un adiestramiento estricto y
cruel, porque los animales deben comportarse de una manera completamente
desnaturalizada, realizando actividades impropias para su especie e inclusive
dolorosas para su fisiología. Algo tan insólito como felinos saltando entre
aros de fuego (lo cual les causa auténtico pavor, ya que su instinto les hace
alejarse del fuego) sólo se ha podido lograr porque se les ha sometido a un
adiestramiento que se basa en el castigo y la coacción. En caso de que los
animales no realicen los ejercicios a los cuales se les obliga, se toman
medidas como la privación de agua y alimentos y, muy a menudo, se recurre a la
violencia, usando látigos y otros objetos para golpearles.






